El obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, alertó que cuando las personas o las instituciones basan sus decisiones en el poder, el interés económico o la búsqueda de beneficios personales, terminan generando conflictos y profundizando la crisis de valores. Lamentó que la corrupción y las injusticias continúen golpeando al país y debilitando la confianza de la ciudadanía.
En una homilía con fuerte contenido social, el obispo diocesano advirtió que cuando las personas construyen su vida sobre “el poder, el placer, la ambición o el dinero”, terminan generando enfrentamientos y dejando de lado el bien común.
Resaltó que estos males deterioran la convivencia, alimentan los conflictos y alejan a la sociedad de la justicia. Cuestionó la impunidad y las negociaciones “por debajo de la mesa”.
Afirmó que quienes optan por defender la vida, la justicia y la dignidad de las personas frecuentemente deben enfrentarse a intereses económicos, políticos y de otros sectores que priorizan sus beneficios antes que las necesidades de la ciudadanía.
Mons. Valenzuela denuncia los títulos falsos, los robos, la pobreza y la “mafia de los pagarés”
Corrupción e impunidad
Mons. Ricardo Valenzuela también hizo referencia a la realidad del país al mencionar el desencanto que generan la corrupción y la impunidad. Relató el caso de una persona que le planteó su frustración al observar que muchos delincuentes son detenidos, pero recuperan rápidamente su libertad debido a complicidades, presiones y maniobras irregulares.
Señaló que estas situaciones llevan a muchos ciudadanos honestos a sentirse tentados a abandonar sus principios, aunque remarcó que la corrupción nunca puede justificarse.
Asimismo, cuestionó la costumbre de resolver los problemas mediante acuerdos ocultos o negociaciones alejadas de la transparencia. Lamentó que muchas veces se proclamen valores cristianos sin un verdadero compromiso con la justicia, la verdad y la defensa de la vida.
Reconocer el rostro de Jesús
En otro momento de su alocución, recordó la primera lectura de la Biblia, en la que una mujer abrió su corazón y su hogar, recibiendo como recompensa una bendición. Señaló que lo mismo ocurre cuando las personas logran reconocer el rostro de Jesús en el prójimo y actúan con generosidad para construir el Reino de Dios.
El prelado invitó a los fieles a examinar su propia vida y preguntarse qué actitudes contradicen el Evangelio. Reflexionó que, incluso en la fe y en el amor, suelen mezclarse sentimientos de entrega con deseos de posesión, egoísmo y búsqueda de exclusividad, por lo que exhortó a dejar que la sabiduría de Dios purifique el corazón.
Como ejemplo citó a San Francisco de Asís, quien renunció a las riquezas y comprendió que el apego a las posesiones también puede convertirse en una carga. Destacó que el santo soportó con paciencia las enfermedades, el frío, el rechazo y las injurias, deseando unirse al sufrimiento de Jesucristo hasta recibir, según la tradición cristiana, los estigmas.
Finalmente, monseñor Valenzuela enfatizó que la verdadera grandeza no consiste en realizar obras espectaculares, sino en vivir cada día con sencillez, generosidad y fidelidad al Evangelio.

La Virgen de Caacupé: la fe que nació del corazón guaraní y hoy une a todo un pueblo
El obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, alertó que cuando las personas o las instituciones basan sus decisiones en el poder, el interés económico o la búsqueda de beneficios personales, terminan generando conflictos y profundizando la crisis de valores. Lamentó que la corrupción y las injusticias continúen golpeando al país y debilitando la confianza de la ciudadanía.En una homilía con fuerte contenido social, el obispo diocesano advirtió que cuando las personas construyen su vida sobre “el poder, el placer, la ambición o el dinero”, terminan generando enfrentamientos y dejando de lado el bien común. Resaltó que estos males deterioran la convivencia, alimentan los conflictos y alejan a la sociedad de la justicia. Cuestionó la impunidad y las negociaciones “por debajo de la mesa”.Afirmó que quienes optan por defender la vida, la justicia y la dignidad de las personas frecuentemente deben enfrentarse a intereses económicos, políticos y de otros sectores que priorizan sus beneficios antes que las necesidades de la ciudadanía.Mons. Valenzuela denuncia los títulos falsos, los robos, la pobreza y la “mafia de los pagarés”Corrupción e impunidad Mons. Ricardo Valenzuela también hizo referencia a la realidad del país al mencionar el desencanto que generan la corrupción y la impunidad. Relató el caso de una persona que le planteó su frustración al observar que muchos delincuentes son detenidos, pero recuperan rápidamente su libertad debido a complicidades, presiones y maniobras irregulares. Señaló que estas situaciones llevan a muchos ciudadanos honestos a sentirse tentados a abandonar sus principios, aunque remarcó que la corrupción nunca puede justificarse.Asimismo, cuestionó la costumbre de resolver los problemas mediante acuerdos ocultos o negociaciones alejadas de la transparencia. Lamentó que muchas veces se proclamen valores cristianos sin un verdadero compromiso con la justicia, la verdad y la defensa de la vida.Reconocer el rostro de Jesús En otro momento de su alocución, recordó la primera lectura de la Biblia, en la que una mujer abrió su corazón y su hogar, recibiendo como recompensa una bendición. Señaló que lo mismo ocurre cuando las personas logran reconocer el rostro de Jesús en el prójimo y actúan con generosidad para construir el Reino de Dios.El prelado invitó a los fieles a examinar su propia vida y preguntarse qué actitudes contradicen el Evangelio. Reflexionó que, incluso en la fe y en el amor, suelen mezclarse sentimientos de entrega con deseos de posesión, egoísmo y búsqueda de exclusividad, por lo que exhortó a dejar que la sabiduría de Dios purifique el corazón.Como ejemplo citó a San Francisco de Asís, quien renunció a las riquezas y comprendió que el apego a las posesiones también puede convertirse en una carga. Destacó que el santo soportó con paciencia las enfermedades, el frío, el rechazo y las injurias, deseando unirse al sufrimiento de Jesucristo hasta recibir, según la tradición cristiana, los estigmas.Finalmente, monseñor Valenzuela enfatizó que la verdadera grandeza no consiste en realizar obras espectaculares, sino en vivir cada día con sencillez, generosidad y fidelidad al Evangelio.La Virgen de Caacupé: la fe que nació del corazón guaraní y hoy une a todo un pueblo
28 de junio de 2026 a la – 10:30
La corrupción, la ambición desmedida y el dinero alimentan los conflictos y alejan a la sociedad de la justicia, afirmó monseñor Ricardo Valenzuela durante la misa de las 07:00 en la Basílica de Caacupé, ocasión en la que también criticó la impunidad y las negociaciones “por debajo de la mesa”.
El obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, alertó que cuando las personas o las instituciones basan sus decisiones en el poder, el interés económico o la búsqueda de beneficios personales, terminan generando conflictos y profundizando la crisis de valores. Lamentó que la corrupción y las injusticias continúen golpeando al país y debilitando la confianza de la ciudadanía.
En una homilía con fuerte contenido social, el obispo diocesano advirtió que cuando las personas construyen su vida sobre “el poder, el placer, la ambición o el dinero”, terminan generando enfrentamientos y dejando de lado el bien común.
Resaltó que estos males deterioran la convivencia, alimentan los conflictos y alejan a la sociedad de la justicia. Cuestionó la impunidad y las negociaciones “por debajo de la mesa”.
Afirmó que quienes optan por defender la vida, la justicia y la dignidad de las personas frecuentemente deben enfrentarse a intereses económicos, políticos y de otros sectores que priorizan sus beneficios antes que las necesidades de la ciudadanía.
Lea más: Mons. Valenzuela denuncia los títulos falsos, los robos, la pobreza y la “mafia de los pagarés”
Corrupción e impunidad
Mons. Ricardo Valenzuela también hizo referencia a la realidad del país al mencionar el desencanto que generan la corrupción y la impunidad. Relató el caso de una persona que le planteó su frustración al observar que muchos delincuentes son detenidos, pero recuperan rápidamente su libertad debido a complicidades, presiones y maniobras irregulares.
Señaló que estas situaciones llevan a muchos ciudadanos honestos a sentirse tentados a abandonar sus principios, aunque remarcó que la corrupción nunca puede justificarse.
Asimismo, cuestionó la costumbre de resolver los problemas mediante acuerdos ocultos o negociaciones alejadas de la transparencia. Lamentó que muchas veces se proclamen valores cristianos sin un verdadero compromiso con la justicia, la verdad y la defensa de la vida.
Reconocer el rostro de Jesús
En otro momento de su alocución, recordó la primera lectura de la Biblia, en la que una mujer abrió su corazón y su hogar, recibiendo como recompensa una bendición. Señaló que lo mismo ocurre cuando las personas logran reconocer el rostro de Jesús en el prójimo y actúan con generosidad para construir el Reino de Dios.
El prelado invitó a los fieles a examinar su propia vida y preguntarse qué actitudes contradicen el Evangelio. Reflexionó que, incluso en la fe y en el amor, suelen mezclarse sentimientos de entrega con deseos de posesión, egoísmo y búsqueda de exclusividad, por lo que exhortó a dejar que la sabiduría de Dios purifique el corazón.
Como ejemplo citó a San Francisco de Asís, quien renunció a las riquezas y comprendió que el apego a las posesiones también puede convertirse en una carga. Destacó que el santo soportó con paciencia las enfermedades, el frío, el rechazo y las injurias, deseando unirse al sufrimiento de Jesucristo hasta recibir, según la tradición cristiana, los estigmas.
Finalmente, monseñor Valenzuela enfatizó que la verdadera grandeza no consiste en realizar obras espectaculares, sino en vivir cada día con sencillez, generosidad y fidelidad al Evangelio.

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